INSTAUREMOS LA DANZA AZTECA DE CARNAVAL O CARNAVAL CONCHERO. Todos ganaremos, se enriquece y formaliza lo que ocurre y no tendrán sentimientos encontrados, no tendrán que quedar bien con el recato, la solemnidad y el decoro devocional y de comunión que tiene (o tenía) la danza de concheros.

INSTAUREMOS LA DANZA AZTECA DE CARNAVAL O CARNAVAL CONCHERO

Oxomoco, Cipactonal y el diablo. Original de Antonio Rodríguez Luna. Tomado de Danzas de los Concheros en San Miguel de Allende 1941

Análisis sexudos del Axolote. Instauremos la danza azteca de carnaval

Antes en la danza había un sargento de campo, que utilizaba traje de demonio, llamado diablito. Estos engendros graciosos, personificaciones chuscas del señor de las tinieblas, tenían como encomienda el cuidado exterior del círculo de la danza, que ningún manchado se pasara de la raya ni de listo, que no metiera mano, ni que jodiera a danzantas ni danzantes. Así mismo se ocupaba que los del círculo o sea de los propios danzantes, que no se indisciplinaran, orden fuera y dentro, Ah pero él si tenía licencia de echar desmadre dentro del ámbito de su competencia ritual. Estos diablos, eran la expresión más conocida de este tipo de sargentos. Otros tipos de sargentos personificados eran “Las Maringuillas”, hombres vestidos de mujer, más propios de otro tipo de danzas carnavalescas; también la muerte, el viejo y los bobos.

En la actualidad prácticamente no hay diablos. ¿Acaso es posible que no haya diablitos en la danza? Los diablitos cumplieron una función de dualidad, es difícil que eso que representan se haya borrado así como así de la danza. La danza de concheros es una muestra de la dualidad que estructura el universo. Así vemos trabajo nocturno-trabajo diurno (velación-danza), columna derecha-columna izquierda, permiso-gracias. Si la danza es un esquema que promueve lo “bueno”, lo equilibrado, el orden, debe entonces haber una representación simbólica del “mal”, el desorden, el caos. La danza es movimiento armónico, Así los diablos, bobos, maringuillas y muertes se expresaban con movimientos burdos y chuscos. ¿Que habrá pasado con los diablitos?

Los Diablos ahora están dentro del círculo

Lo que pasa es que ahora los diablos se han metido al círculo de danza y no son uno o dos por grupo como antes. ¡Son un chingo! Se ocupan de lo mismo: el desmadre, la jocosidad, danzan burdos o chistosos para causar mofa. Se visten con cuernos y colores chillantes o visten de muerte, u hombres que en actos de misoginia, grotescos, arremedan movimientos femeninos, como las maringuillas antiguas. Se gritan cosas entre ellos y a los que están danzando les profieren burlas como “otro que baile” y no parecen incomodarse los que reciben tales gritos, porque muchos de ellos harán lo mismo cuando los otros dancen. El diablo tenía la libertad de moverse libremente cambiando de lugar (no así los demás danzantes), estos nuevos diablitos se mueven con toda displicencia dentro del círculo de la danza. Parte de la disciplina era, mantener una actitud de recato. La danza como acto de comunión, de fe, se vivía como una oración (con todo lo que ello conlleva), al que le otorgaban la danza era como hacerlo participe de una comunión. Se vivía en un acto muy solemne. Un rictus se posesionaba de él, profería la palabra sagrada “Él es Dios” y comenzaba sus pasos. Imagínense en ese acto tan misterioso y profundo escuchar que alguien le grita “otro que baile” como si en misa cuando se toma la hostia en los labios le gritan en ese momento “otro que si rece”.

La danza azteca de carnaval

Antiguamente esta dualidad de orden-desmadre, solemnidad-relajo, sagrado-profano, se daba en dos formas de danza que entre las comunidades indígenas prevalecen. Las danzas ceremoniales solemnes como la de concheros, los voladores o la pluma. Acaso nombradas como Ihtotiliztli y/o macehualistli. Y las otras de desenfreno que representa el caos, parte inherente al devenir cósmico de los ciclos, llamada Mitotiliztli, que ha devenido en el término “mitote”; de hecho la palabra dentro del saber popular se refiere sin más al relajo “eres un mitotero”. Sobreviven algunos ejemplos como las pascolas de los yaquis que durante la pascua se visten de todo tipo de adefesios que tienen permiso de chingar con singular alegría al prójimo, como Dios (Jesús) está, preso primero y después muerto, el mal tiene licencia de joder. Hay también las danzas de carnaval en muchos lugares. En Puebla y Guerrero, los hombres que bajo ninguna circunstancia lo harían (según juran y perjuran), se visten de mujeres y danzan todos(as) alborotad(a)os. Ó una de las más conocidas danzas carnavalescas es la de los Chinelos de Morelos.

Las danzas de carnaval representan el cambio de tiempo, el inicio del ciclo agrícola y que se acababa toda la cosecha y pues, de un buen vez a meterse todo, comida y vino, para aguantar la sequía que vendría antes de las lluvias, o simplemente el desmadre vital en vida comunal.

Algún despistado podría encontrar alguna ironía, mofa, doble sentido o cura, pero respetuosamente propongo a esos danzantes molones, desmadrosos e irredentos que no pueden evitar vestirse de diablos y entes nocturnos variopintos, o que actúan como tales dentro del circulo de la danza. A aquellos que durante la danza se mofan de los demás haciendo alusiones sexuales, homofóbicas y de misoginia (p…uto, se llegan a gritar) cual nuevos y exuberantes maringuillas. No se sientan incomprendidos, no por el que esto escribe. Creo que su inevitable desenfreno es parte de la dinámica del cosmos. La energía que promueven y manifiestan es necesaria y parte inherente de lo humano. Por todo esto y más les propongo

INSTAUREMOS LA DANZA AZTECA DE CARNAVAL O CARNAVAL CONCHERO.

Todos ganaremos, se enriquece y formaliza lo que ocurre y no tendrán sentimientos encontrados, no tendrán que quedar bien con el recato, la solemnidad y el decoro devocional y de comunión que tiene (o tenía) la danza de concheros. No tendrán que ser inconsecuentes al dar palabra y decir que la disciplina y orden es lo máximo, que así lo dejaron los viejos, cuando por dentro los consume el fuego de la pasión por el relajo.

Un plus de Consideraciones

Sin embargo la danza cambia, evoluciona como todo ser vivo. Las nuevas dinámicas impulsadas desde una sociedad representada en nuevos danzantes, muchos venidos del ateísmo funcional de las aulas, son asimiladas por la mayoría de los grupos tradicionales (hay unos con una fuerte oposición a recibir esta nueva chamacada). La vitalidad y el jolgorio propio de una generación de ruptura y desilusionada de la religión, al asumirse como nuevos concheros (con catolicismo de por medio, cuando muchos eran incluso anticatólicos) se ven en una situación peculiar de lidiar con su ateísmo y ser al mismo tiempo devocionarios de imágenes de yeso o madera. O de jóvenes con menos pretensiones intelectuales que formados en la periferia social asumen un rol de desmadre como método legítimo de aceptación.

La danza en un pasado que ya parece lejano, fue correctiva y rígida, era así la sociedad de nuestros padres y abuelos, donde la letra con chingadazos entraba y en la escuela y el hogar había golpes y nadie ponía una demanda de derechos humanos. En la danza había los latigazos con cierta frecuencia. No creo que en la danza esta disciplina rígida tenga cabida, en una sociedad secular (menos mocha) como la actual. Pero… ¿En qué momento con los cambios inevitables, como la risa, la chunga, la fraternidad y espontaneidad, se pierde el sentido original de la danza? Si alguien pasa a danzar y le gritan “vamos compadrito” a pesar del estado emocional profundo que lo embarga, creo yo, no altera este en su acto de comunión, acaso por el contrario lo arropa, es decir creo yo que aun con un poco de relajo y chunga en tiempo y forma puede mantenerse el sentido profundo y así ha sido, jefes sumamente disciplinados, eran juguetones, simpáticos y relajientos

El caso de la danza conocida como el “Tezca sexi” es paradigmático. Según sé, fue la idea de alguien para hacer atractiva la danza. Por supuesto que es más atractivo ver mover el bote que ver el rictus de alguien que supone la revelación. La danza por razones evidentemente corpóreas, es expresión vital y sensual aunque no se quiera y aunque no se debiera. Pero aquí hay un límite preciso. Cuando se danza  “Tezca sexi”, cambia la dinámica del círculo de la danza, si alguien estaba en trance pues adiós a su estado límite. La carga no sensual sino sexual de esta danza está evidenciando una lucha sin tregua entre quienes están por una liberación absoluta de las ataduras tradicionales y quienes la suponen como intromisión de lo profano al círculo sagrado de la danza y dirán “para bailar eso, están las fiestas y los salones”.        

Por supuesto que nadie hará caso a mi exhorto. Ni modo. Las definiciones se darán y acaso se llegará a una conciliación entre quienes promueven el desmadre ritual y quienes quieren una danza más disciplinada y solemne. Proponer algo más intrépido como la reinterpretación y elaboración de danzas como había dentro de las ceremonias prehispánica implica un reto por ahora, creo yo, insalvable. La propensión de crear personajes diversos y cuadros coreográficos que rompen con las estructuras monolíticas de la danza es una necesidad evidente de recrear el teatro del devenir cósmico, como lo hacían los mexicas, ejemplos inacabados hay, pero ninguno se ha expandido. Se introducen constantemente algunas variaciones casi insulsas en el seno de la danza pero hasta allí, esta incapacidad evidente, a falta de crear o recrear algo distinto, busca cambiar una danza ya existente y sólida (ups¡) como al de concheros. Ante tal muestra de incapacidad creativa, la danza azteca de carnaval es la alternativa, solo requiere de la imaginación del desmadre, que ya está allí (y bien puesta carajo). ¿Para qué para que perderse la posibilidad de la diversidad con una nueva danza?   

 ¡DANZANTES DE CARNAVAL CONCHERO SALGAMOS DEL CLOSET!

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